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EDUARD PUNSET, EN TIEMPOS DE CRISIS, DECIDIMOS CON EL CORAZÓN. Blog de Eduard Punset

EN TIEMPOS DE CRISIS, DECIDIMOS CON EL CORAZÓN. Blog de Eduard Punset
Lo que es verdad cuando se habla de un promedio puede no serlo cuando nos referimos a algo o alguien tomado individualmente. Hay gente, la mayoría, que en épocas de ansiedad rehúye hacer el amor; otras, en cambio, lo necesitan entonces más que nunca. En promedio, yo puedo predecir por dónde va a fluir una corriente formada por átomos; pero no voy a poder predecir por dónde va a circular un átomo en concreto. Cuando hablamos del pasado, del presente o del futuro, barajamos siempre promedios y estamos acostumbrados a tomar decisiones no en función de lo que consiguió o hizo alguien excepcional que no se deja catalogar, sino de lo que ocurrió en términos estadísticos. Todo esto para anunciarles que empezamos a saber cómo se comporta la gente en tiempos de crisis. Está durando más de lo normal y eso nos permite estudiar los mecanismos de decisión. No se comporta igual la gente en tiempos menos movidos. Ahora tienden a decidir más con el corazón que con la razón. ¿Por qué?, se preguntarán mis lectores. Por una razón muy sencilla. En tiempos de crisis se tiene la impresión de que ya no se dispone de todo el tiempo necesario para sopesar los factores a favor o en contra de una decisión. Hay que decidir deprisa, porque el vecino ya se ha declarado en quiebra; la Bolsa no cambia y cada vez está peor; todas las funciones a medio plazo –como reproducirse o pensar en el retiro– se aparcan para después, para más tarde, cuando ya haya pasado la crisis. En esas condiciones, el corazón se convierte en el rey y señor de nuestros actos. Cuando no hay tiempo para razonar, siempre ha funcionado mejor el corazón que la razón. Es más, la razón sólo interviene cuando hay tiempo para ponderar. Si oigo de repente el ruido extraño de un autobús que me puede atropellar porque no me he dado cuenta de que estaba rojo el semáforo, salvo mi vida saltando a la acera gracias a la amígdala –la gestora de mis intuiciones– y no a la razón. La incertidumbre que caracteriza las épocas de crisis –nadie sabe, ni desde luego el Gobierno, cuándo va a empezar o terminar– mengua los recursos propios; le convence a la gente de que ha perdido parte del poder que tenía para saber lo que estaba haciendo. La pérdida de poder del ego individual es una de las condiciones bien sabidas para generar ansiedad, y la ansiedad provoca más estrés. Y el estrés adicional confirma la pérdida de control del proyecto en el que se está inmerso. Las decisiones adoptadas en ese contorno serán menos atinadas, no más atinadas. Nunca me asaltaron muchas dudas en torno a la previsible victoria de Barack Obama cuando competía por la Presidencia de Estados Unidos. En la historia de la evolución está mil veces demostrado que en épocas de crisis la manada elige líderes jóvenes que puedan atravesar ríos y montañas. En épocas de sosiego se torna la mirada hacia la edad en busca de la fuente de sabiduría; en épocas de crisis, no obstante, los jóvenes tienen el corazón a toda prueba; el objetivo fijado suele prevalecer sobre los elevados niveles de incertidumbre y rara vez se tiene la impresión de que se ha perdido el control de la situación. Los lectores de este blog disfrutarán, pues, del privilegio de saber las decisiones que tomarán los demás y ellos mismos en estos tiempos de crisis. Siempre y cuando, claro está, sigan empeñados en formar parte del promedio, no se les ocurra irse por las ramas o comportarse como un átomo singular e impredecible.

EDUARD PUNSET, ¿SE PUEDE SER FELIZ RODEADO DE INFELICIDAD?


¿SE PUEDE SER FELIZ RODEADO DE INFELICIDAD?
Es cierto que el cerebro –escondido y a oscuras en el interior del esqueleto– no sabe a ciencia cierta el motivo por el que se siente súbitamente amenazado: ¿se trata de un mamut lanudo, una congestión de tráfico o un estrés mental exagerado? El hecho es que los mecanismos para hacer frente a la ansiedad se ponen en marcha; aunque no de la misma manera para todo el mundo. Si no comportara sufrimientos indecibles, la desorientación total del género humano frente a los desafíos psicológicos de la vida cotidiana podría provocar la sonrisa. Por ejemplo, la mayoría de la gente cree que el estrés siempre se debe a la falta de tiempo y al exceso de la carga de trabajo. Si fuera verdad, los jóvenes a quienes les queda por delante toda una vida y los mayores que han renunciado ya al trabajo no tendrían nunca estrés. No ocurre así en la vida corriente. Una de las situaciones menos estudiadas y más comunes, sin embargo, es la de las almas supuestamente sensibles, a las que la pobreza y el dolor de los demás hace vivir con amargura. ¿Puede haber una situación más digna de compasión y hasta de admiración que la de aquella persona susceptible de empatizar con el dolor de los demás hasta tal punto que el solo conocimiento de la desdicha en que han caído los otros puede amargarles la vida a ellos? Una amiga muy inteligente –eso sí, siempre amargada por las razones hasta aquí esgrimidas– me expresaba sus sentimientos con estas palabras: «La felicidad no viene sólo de dentro. Hay gente a la que le ha tocado vivir una realidad vital penosa y desesperante; no se puede negar esto. Y el dolor de estas personas, aunque no las conozcas, también es mi dolor». Cuando intenté hacerle ver que al asumir el dolor de los demás como propio se agranda la masa del dolor perceptible –más gente se hace infeliz–, me replicó: «Es verdad, estoy llena de odio hacia quien hace daño a los demás o a la naturaleza por egoísmo o avaricia. No me sobran motivos, pero ciertamente lo llevo al extremo». A nivel social estamos describiendo la situación de personas no necesariamente mal intencionadas, sino todo lo contrario, que actúan como virus contaminando su medio mediante acusaciones constantes hacia fuera y rencores hacia dentro. A nivel político, estamos apuntando a personajes que, en lugar de buscar remedios en el consenso con los demás, les achacan a éstos todo tipo de tropelías por el simple hecho de ser como son y ver las cosas de forma distinta. La riqueza de la vida microbiana no ha sugerido a estas gentes ningún valor ejemplarizante. Les habría bastado, no obstante, analizar los mecanismos del famoso quórum bacteriano: antes de decidir si son suficientes –si todas juntas tienen la fuerza y razón necesarias– para invadir un nuevo espacio en la boca ocupada de los mamíferos, antes de tomar una decisión tan seria como la de establecerse por millones de individuos en una parte de las encías, las bacterias someten a murmullo, ¿votación?, consenso, la decisión contemplada. El dolor de los demás no es razón suficiente para amargarse la vida y amargársela al resto. Paliar aquel dolor no depende de generar mayor amargura; la solución pasa por elaborar nuevas estrategias de innovación y cambios de opinión que activen el quórum necesario para efectuar el trasplante. El propósito de cambiar el mundo no pasa por estigmatizar a la otra mitad y repartir, como los virus en un organismo, las agresiones y el mal humor. ¿Tan difícil es aceptar que la felicidad de los demás pasa por no tener derecho uno mismo a ser infeliz?

Eduardo Punset, in facebook.com

Balzac.tv: "Simetría y Amor"

Balzac.tv es una WebTV en Alta Definición. Su formato es el WebShow, un videoblog con línea editorial y basado en wepisodios semanales. Corresponde al nicho de la innovación como concepto general, abarcando tanto la innovación social como la innovación científica y tecnológica.
http://balzac.tv


En su último episodio, Gina Tost, la presentadora de Balzac.tv, habla sobre el amor con Eduard Punset en el Laberinto de Horta.


Balzac.tv: Simetría y Amor


Hace 3 mil millones de años, el amor era un instinto de fusión con otro organismo para poder sobrevivir y hoy continua siendo lo mismo.
En el amor, el hombre compite y la mujer decide.